jueves, 17 de enero de 2008

OBISPO DE MARSELLA

LOS CAMINOS DE DIOS Y LOS DE LOS HOMBRES

Fortunato de Mazendo era muy mayor. Estaba bien de salud, pero necesitaba una ayuda. Sabía que su sobrino no aceptaría ser su sucesor pues había renunciado varias veces el episcopado. Por familia, por amistad, y por la personalidad Eugenio pod´´ia ser uno de los buenos candidatos a preseidir la diocesis de Marsella. Su dedicación a la misión era absolutamente prioritaria. Inteligente y sagaz , su tio esperaba la oportunidad. Su lucidez crecía con la edad.

La política había cambiado en París con la revolución de Luis Felipe de Orleans. Era la ocación para el anciano de Mazenod. Gestionó, a escondidas de su sobrino, en Roma su nombramiento como Obispo auxiliar. Gregorio XVI llama a Roma a Eugenio, le nombra Obispo Auxiliar de Marsella y es consagrado sin la venia de París. Este detalle era muy importante para Eugenio, que por tradición era un hombre de Roma. Alejado de las tesis galicanas. El Embajador de París en Roma ignoróp totalmente la ordenación en una visita que hizo y comunicó a sus superiores el hecho.
Cuando Eugnio retornó a Marsella se encontró con la desagradable sorpresa de haber sido borrado de las listas del censo por no ser ciudadano frantes. Su nueva residencia era Argelia ya que el título que se la había dado era el de Obispo de Icosia. Residía en Marsella como un extranjero. Por el hecho mismo se le prohibe el ejercicio de sus responsabilidades pastorales en todo el país y se le sugiere se vaya a Argelia.
La situación era violenta. El hombre que había sido despojado de su ciudadanía no era fácil para doblegarse ante las autoridades políticas cuando esta situacion le venía de la autoridad del Papa. Era víctima de un conflicto al más alto nivel, entre la Santa Sede y el Estado Francés. El Papa le manifestó su deseo de que la situacion se solucionara. Pero no se veían fáciles los caminos dada la personalidad del interesado.
Alguien de la familia de los Oblatos , que estaba de Rector en el seminario de Ahaccio, aperece en escena para hacer posible y real lo que parecía absolutamente iviable. Era el P. Guibert. Este Oblato será con el tiempo obispo de París y Cardenal. Se acerca sencillamente a Eugenio y le convence para ir a París los dos y visitar a la Reina. De la mano de la reina visitan al Rey y Eugenio es restablecido en su dignidad sin tener que doblegarse ante la autoridad de un rey que no era de su agrado.
Despejado el terreno el anciano Fortunato consigue, a escondidas de Eugenio, su sobrino, presentar su dimisión dejando la mitra de MArsella en manos de Eugenio, que durante más de veinte años gobernará la diocesis como titular y será el primer Superior General de la Congregacion.
Como Obispo de Marsella ha dejado huella por su capacidad organizativa y por su estilo de vida. Era un hombre superior con talante autoritario pero con un corazón entrañable. Creó parroquias y abrió las puertas de su diócesis a una serie importante de comunidades religiosas. Se preocupa de la vida y la espiritualidad sacerdotal forzando a los sacerdotes a vivir en comunidades.

ID POR TODO EL MUNDO

Hasta el años de 1849, los Oblatos de Eugenio de Mazendo son un grupo pequeño. Una pequeña familia, según el texto que había sido aprobado en Roma. Era pequeña en todos los sentidos, eran poco, estaban situados en una region marginal de Francia, se dedicaban al ministerio de los pequeños y los pobres... El momento de la expansión estaba madurando. El Fundador en los ultimos años había sido purificado por el fuego del Espíritu. Tenía que hacer frente al gobierno de la diócesis de Marsella y al de la pequeña famlia , que iba a despegar maravillosamente.
Situado en la diócesis de Marsella su familia podía abrirse nuevos caminos. La institucion inicial estaba muy centrada en los males que había dejado la revolución francesa. Iba descubriendo que el Espíritu pedía abrir horizontes nuevos buscar respuestas adecuadas a nuevas situaciones.
Caída del cielo le llegó una situacion en la que posiblemente no había pensado nunca. Viene de la mano de un joven obispo de Canadá, Mons Bourget, Obispo de Montreal de quien dependían los territorios del norte canadiense, el Polo norte.
El Salto geográfico no tiene nada que ver con el salto cultural. Seis misioneros oblatos se embarcan en Marsella para desembarcar en las costas del Canadá. Eran hombre que no habían salido de su Provenza natal y se encontraban en un nuevo mundo. A la pregunta del Fundador de asumir una nueva aventura humana y divina todos habían dicho que sí y todos habían manifestado su disponibilidad para ser enviados. Fueron elegidos estos seis. Ya estaban los Oblatos en el Nuevo mundo. Para decir allí la palabra de Dios a los pobres. Pobremente y de torpe palabra estos generosos misioneros de Provenza se fueron multiplicando con gran rapidez. Sacerdotes y jóvenes entraron en esta familia religiosa, empezando por el secretario de Mons Bourget. Este mismo es considerado en la congregación como un segundo Fundador.
Provenza y Canadá son semilleros de misioneros. El Director de orquesta en la ejecución de esta maravillosa sinfonía que fue la expansión de los oblatos por todo el mundo es Eugenio de Mazenod. Durante los veinte ultimos años de su vida se revela un hombre fuerte, agíl clarividente y lleno del Espíritu de Dios. Un hombre apasionado de Jesucristo. Puede muchas veces parecer autoritario, pero tiene un corazón de carne que le lleva a derramar lágrimas recordando su primera comunion. Es un organizador nato que sabe tomar decisiones y comprender a quienes hace sufrir, es una persona superior que se deja querer porque es siempre el que va por delante desbrozand el camino de cada misionero que es enviado.

LA MISION DEL FUNDADOR

Cuando Pablo VI beatificó a Eugenio escogio la fecha del Domund. La fiesta fue un canto a la tarea de quienes son enviados a tierra de misión. Es lo que se llama hoy la mision ad gentes. En un tiempo las fronteras no estaban del todo definidas. , pero sí estaban muy definidos los territorios que dependían de la Sagrada Congreagación para la Propagación de la fe. Desde Marsella sabía estar en constante contacto con los responsables de esta Sagrada congregación. Era su casa porque de elle dependían las respunestas que sus misioneros tenían que dar en cada una de las regiones a las que él personalmente les enviaba.

La geografía misionera que recorrió Eugenio sin moverse de Marsella es interesante. Empezó su viaje por las estepas heladas del Polo Norte y desde allí pasó a las Montañas Rocosas del Oeste Canadiense y americano. Se introdujo entre los mejicanos de Tejas que viven en las riberas del río grande. Dando un salto mortal se encontró con los negros del Africa del Sur, los cafres, desde donde los Oblatos seguirían diversas pistas misioneras. Entró en Asia situandose en una isla maravillosa del sur de la India, en Sri Lanka, la antigua Ceilán.

El recorrido lo vivía muchas veces mejor que los mismos misioneros que obedientes se instalaban en cada uno de esos lugares. Par el estudio de la misionología tienen interés particular las cartas de este misionero que no dejó nunca la diocesis de Marsella de la que era una Pastor eficaz.

Su política misionera respondía a la concepción clásica de la Iglesia de entonces, que fue elaborada mucho más tarde en tiempos de Pio XII. El objetivo fundamenteal de su misión era la construccion de la Iglesia local. El grupo de misioneros que se iban a un lugar determinado donde la iglesia no estaba implantada debía empezar creando las estructuras elementales de la Iglesia que fueran la plataforma de la evangelización. Para él era fundamental la figura del Obispo. Su presencia en la Sda Congregación para la Propagación de la fe tenía siempre el mismo objetivo: la creación de una diocesis con su territorio bien definido y el nombramiento de un Obispo que fuera el más adecuado. La designación del Obispo en cada uno de estos territorios dependía normalmente de el. A veces se equivocaba, intentaba suplir la equivocación haciendose presente con sus cartas en las que se le decía al Obispo lo que tenía que hacer y lo que no tenía que haer. En esto a veces baja a detalles impresionantes.
Su impulso sigue palpitante en la pequeña familia de los Oblatos de María Inmaculada. Es verdad que los tiempos han cambiado, pero el impulso inicial y la fuerza del Espíritu está presente ayudando a cada uno a saber responder de una manera más lucida ante retos y cuestiones que nos plantean hoy los terceros mundos.

LA MUERTE DE UN SANTO

La muerte de Eugenio de Mazenod no fue para muchos la muerte de un santo. Para el clero de Marsella era la liberación. Se liberaban de un obispo que había intentado llevar adelante la renovación de la diocesis que exigia comportamientos más generosos y radicales que no todos le comprendieron ni siquiera despues de su muerte. Expiró rodeado de los suyos que rezaban la salve. El testamento fue muy breve: "Practicad entre vosotrso la caridad, la caridad, la caridad, y hacia los demás el celo por la salvacion de las almas!", Expiró y se fue del mundo de los hombres al encuentro de la Vida, con mayusculas.

Los procesos que le han llevado a la canonización no ha sido procesos fáciles. Al contrario han sido procesos muy laboriosos. Hay en su vida situaciones prolongadas, momentos difíciles y posturas complejas que han pedido trabajo para quienes tienen la mision de desmostrar la heroicidad de las virtudes de un aspirante a la santidad. No creo que Eugenio, que se conocía y se pasó por estas situaciones, se imaginara que día sería canonizado.

Los graves problemas que Eugenio planteó a su canonización son su situacion familiar nada edificante, su necesidad de saldar las deudas económicas de su famlia que le venían de su padre. Hubo acreedores en torno a él hasta el final de sus días. Los primeros años de la fundación tuvo grandes conflictos con los obisos de la La Provenza. Era por herencia y convicción un hombre del antiguo Régimen y en este tema tuvo no pocos problemas en su manifestaciones publicas y en sus actuaciones. La ordenación episcopal no parece que fuera un gesto de máxima prudencia. Es verdad que antes de su muerte se había reconciliado con las instancias políticas y había sido designado Senador. Estaba propuesto para el Cardenalato y lo deseaba... Tampoco estas cosas mundanas, aunque se refieran a la pompa eclesiastica, parecen egar mucho con la idea de Santidad que corre todavía por nuestras sacristías.

A pesar de estas situaciones y de una vida muy encarnada en las realidades mundanas de su tiempo ha pasado con bastante rigor la pruebas que la Santa Madre Iglesia tiene establecidas para declarar santa a una personas y para presentarla como modelo para toda la Iglesia.

Posiblemente estas circunstancias que han debido ser analizadas rigurosamente sean las que hacen que Eugenio de Mazenod puede ser canonizado con más garantía para ser modelo de santidad, de encarnación de Dios en los problemas complejos de por sí de los hombres.
Es evidente que Eugenio era un hombre de fe y de esperanza, lo mismo que es evidente que supo vivir su fe y su esperanza en medio de las dificultades de la vida. Es evidente que era un hombre de oración , pero la oración que le hace ser santo es la de su corazón totalmente entregado a una misión evangelizadora.
La figura de Eugenio. HOY YA SANTO, está situada estratégicamente en la historia de los hombres. Es heredero privilegiado de la crisis que suscita la Revolución Francesa. Este fenómeno lo vive por dentro y desde condicionamientos socioculturales muy precisos. Quienes , siglos despues de la Revolución afrontamos las crissi de la postmodernidad o el fin de la modernidad o la era postcristiana, no podemos dejar de lado que somos herederos directos de aquella primera crisis histórica que desencadenó todo lo que está pasando por nuestra historia.
Eugenio de Mazendo puede ser un guía sencillo pero muy lúcido que nos viene desde la fe y desde la misión que sigue encarnando en la historia de todos los hombre el Dios de Jesús.
Ha sido canonizado el dia de S. Francisco Javier. Ha sido canonizado por una Iglesia que quiere ser misionera. Para los Oblatos presentes en casi setenta países de nuestro mundo la canonización es un nuevo impulso para continuar la mision que el inició desde Marsella. Su pasión por Cristo y su amor a la Iglesia tienen hoy una actualidad nueva que debe ser revelada para el mundo y para la Iglesia, nuestra Madre.



Málaga, Diciembre de 1995
Francisco Martín OMI.

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